Agua, espacio y vida.

El estudio del universo es apasionante debido a que en él ocurren fenómenos y existen objetos que de ninguna manera podríamos concebir dentro de nuestro planeta; allá afuera, las reglas físicas que gobiernan son extrañas, inclusio absurdas para nuestra visión cotidiana. Así, explorarlo y comprenderlo se torna una actividad mucho más emocionante al integrar el interés no solo por la física y la química sino por entender la vida, e incluso tratar de encontrarla más allá de nuestra frontera planetaria.

No conocemos vida fuera de la Tierra, pero la magnitud del universo hace que sea prácticamente un hecho que no se trate de un fenómeno exclusivo de nuestro planeta. Durante décadas, grupos de astrónomos han buscado evidencia que les permita confirmar la vida extraterrestre como un hecho irrefutable, aunque sin obtener los resultados deseados. Y ello no es de extrañar: justamente el tamaño del espacio dificulta asomarnos más allá de los planetas más próximos a nosotros, los cuales sabemos carecen de las condiciones necesarias para sostener vida. No ha sido sino hasta tiempos más recientes cuando nuevas tecnologías han permitido a los científicos comenzar la búsqueda en planetas lejanos orbitando otras estrellas, así como analizar con mayor detenimiento a los cuerpos que integran nuestro sistema solar.

Agua y carbono.

La vida, tal y como la conocemos, requiere la presencia de compuestos orgánicos. El carbono es el elemento fundamental en la química orgánica, el cual interactúa principalmente con el oxígeno, hidrógeno y nitrógeno para crear una serie de compuestos sin los cuales no podrían existir las formas de vida de nuestro planeta. Para que los elementos puedan combinarse en tales compuestos, es necesaria la presencia de agua la cual en su forma más pura no sólo contiene dos de dichos elementos, sino que además puede contar con una gran cantidad de otros elementos y compuestos disueltos, ofreciendo un medio móvil para su combinación. Lo anterior, implica que no solo es necesaria la presencia de agua, sino que se encuentre en estado líquido.

El requisito de agua líquida implica que ciertas condiciones estén dadas. Los cuerpos candidatos a contener vida deben tener una temperatura templada para evitar el congelamiento o evaporación del agua. También requieren de una atmósfera ya que de lo contrario el agua se evaporaría ante la ausencia de presión. Así, para cada planeta en particular existe un rango de distancia desde su estrellas para poder contar con agua en estado líquido, dependiendo de las características de su atmósfera, la energía irradiada por su estrella y su tamaño, entre otros factores.

Ya desde hace varias décadas, se tenía buen grado de certeza sobre que, en términos generales, Mercurio se encontraba muy cerca al sol; las temperaturas en su superficie resultarían muy elevadas para mantener agua líquida. Por el contrario, Marte se encuentra muy alejado y el resto de planteas posteriores son cada vez más fríos. Júpiter, Saturno y Urano son además enormes cuerpos de gas donde la ausencia de una superficie sólida lo complica todo.

Al parecer la presencia de agua en distintos cuerpos extraterrestres no es un acontecimiento tan extraordinario como alguna vez se pensó. Lo que en cambio resulta poco probable es contar con las condiciones físicas adecuadas para que el agua se mantenga líquida. Sin embargo, existe un grupo de candidatos dentro de nuestro sistema solar, el cual podría llegar a contener agua líquida. Son las lunas de algunos planetas.

Más cerca de casa de lo que habíamos considerado.

Los resultados de exploraciones recientes arrojan que podría existir casi una decena de cuerpos del sistema solar con agua líquida. Lo candidatos más firmes son Encélado y Europa. Encélado es una luna mediana de Saturno, descubierta a finales del siglo XVIII. Pese a ello, durante mucho tiempo no se supo casi nada de ella, lo cual comenzó a cambiar con las misiones Voyager. Por otro lado, Europa es una de las lunas mayores de Júpiter; el diámetro de Encélado es de apenas algo más de 500 kilómetros, mientras que el de Europa alcanza los 3 mil 100 kilómetros y es uno de los satélites más grandes de todo el sistema solar. Tanto Encélado como Europa se encuentran muy alejados del sol para recibir cantidades suficientes de energía que les permitan mantener una temperatura superficial templada; por el contrario, ambos cuerpos tienen bajas temperaturas en su superficie, y el hielo de agua es una sustancia abundante en ellos, sobre todo en Europa donde podría cubrir toda su superficie con una capa de hielo de alrededor de 10 kilómetros de espesor. Sin embargo, se considera que ambos satélites tienen condiciones necesarias para mantener grandes cantidades de algua líquida salada por debajo de sus superficies, formando extensos océanos subterráneos gracias en parte al calentamiento derivado de la fuerza de mareas por efectos gravitacionales de sus respectivos planetas. Adicionalmente, la actividad geológica podría contribuir a mantener templados los océanos, particularmente en el caso de Encélado cuya geología se considera especialmente activa.

Si lograra confirmarse la existencia de tales océanos subterráneos, algunas formas básicas de vida extraterrestre podrían encontrarse más próximas a nosotros de lo que hemos imaginado. El lanzamiento de la sonda espacial Kepler permitió la identificación de planetas fuera del sistema solar, lo cual hasta antes de la Misión Kepler era algo casi imposible de lograr. La sonda ha identificado miles de planetas, algunos incluso a más de 8 mil años luz de distancia, y se ha definido que una proporción de ellos pueden encontrarse a la distancia adecuada de su estrella para mantener temperaturas templadas que en un momento dado podrían albergar vida. Sin embargo, la posibilidad de que algunas lunas de nuestro sistema solar pudieran tener agua líquida es de hecho un evento más determinante para incrementar la probabilidad de encontrar allí alguna forma de vida.

Casos adicionales.

Además de Europa y Encélado, también se cuenta con indicios que permiten sospechar la presencia de agua líquida en Titán, Ganímedes y Tritón, así como en algunas otras lunas adicionales y siempre en forma de océanos subterráneos.

La comprensión del universo ha mantenido siempre un componente ligado a la comprensión de la vida. No sería de extrañarse que al paso del tiempo se generaran cada vez más noticias sobre los océanos subterráneos, ya sea confirmándolos o descartándolos. Quizá sea allí mismo donde podamos encontrar a la primera forma básica de vida extraterrestre, verificando así de manera definitiva que no nos encontramos solos en el universo.

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