La química, el cosmos, y la creación de los elementos.

La tabla periódica de los elementos es un arreglo sumamente ingenioso que permite presentar de manera lógica y estructurada las más simples sustancias de las que se compone todo: absolutamente todo lo que conocemos. Cada uno de los elementos que conocemos, e incluso aquellos con lo que todavía no nos hemos encontrado, tienen un lugar preciso en ella, cuya posición nos permite conocer muchas de sus características. Ese grupo de alrededor de cien ingredientes permite crear cualquier cosa. Pero no siempre fue así.

Inicios humildes.

Tras el Big Bang, el úniverso únicamente se componía de átomos de hidrógeno y de helio creados instantes después de la explosión. Estos átomos son los más sencillos: el hidrógeno posee la estructura más simple posible, creada por un protón y un electrón. El recién nacido cosmos no era más que espacio vacío y grandes cantidades de átomos de hidrógeno y helio recién creados.

Eventualmente, los átomos formaron grupos en forma de nubes de gas cada vez más grandes, debido a la creciente gravedad que ejercían entre sí. Tras alcanzar determinada masa y convertirse en nebulosas, pudieron compactarse, calentarse y formar protoestrellas. Los cuerpos continuaban calentándose por efecto de la colisión de sus átomos y de la enorme presión acumulada en sus núcleos. Cuando alcanzaron la temperatura suficiente, se detonó un complejo proceso físico denominado fusión nuclear el cual es necesario para que una estrella sea considerada como tal, y es responsable directo de emitir enormes cantidades de energía en forma de luz, calor y otras formas de radiación. La mecánica con la cual realiza esto es integrando átomos de un tipo y convirtiéndolos en otra cosa: en nuevos tipos de átomos.

Todas las estrellas transforman hidrógeno en helio en algún momento de su vida, durante la etapa denominada secuencia principal.

Nuevos elementos.

Las estrellas con cierta masa y composición, pueden unir átomos de maneras más complicadas, formando así carbono, nitrógeno y oxígeno. Algunas de ellas pueden crear más elementos, creando átomos tan pesados como los del hierro. Prácticamente todo el hidrógeno que existe hoy día y buena parte del helio en el universo se formaron momentos después del Big Bang; carbono, oxígeno y nitrógeno fueron y siguen siendo fabricados en los nucleos estelares.

Los elementos más pesados no pueden ser creados por las estrellas como parte de sus mecanismos de fusión nuclear. Sin embargo, algunas estrellas siguen siendo las responsables de su creación y existencia. Las estrellas más grandes terminan su vida con una espectacular explosión llamada supernova. Este proceso es sumamente violento; la energía disipada es tal que da lugar a la desintegración de algunos átomos, los cuales pueden reagruparse en nuevos elementos. Oro, mercurio, plata y plomo, son algunos de los elementos formados como consecuencia de tan espectaculares sucesos.

Procesos alternativos.

Existen algunos otros procesos por el cual algunos elementos pudieron formarse. Ciertos elementos pueden transmutar como consecuencia de ser expuestos a rayos cósmicos. Los elementos radioactivos se transforman lentamente, decayendo en algún elemento más estable y ligero. Pensemos en el objeto que pensemos, las probabilidades son que la mayor parte de los átomos con que está hecho provienen del centro de una estrella. El universo no sólo está más allá de nuestra atmósfera: está presente en todo cuanto nos rodea.

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